jueves, 22 de diciembre de 2016

Cuando estamos juntas

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Copio y comparto acá, una nota que salió el 20-12-16 en la Revista Ñ
sobre el libro Cuando estamos juntas editado por Calibroscopio

Relato sutil de lo cotidiano
Autoría integral. La argentina María Wernicke se hace cargo del dibujo y la narración.
POR MARIA LUJAN PICABEA
·       Etiquetado como:
·       La Biblioteca del Año
No extrañamos los días de fiesta. No extrañamos las salidas excepcionales. Extrañamos lo ordinario, ese cierto orden o desorden hogareño repleto de huellas. Por eso, en el álbum Cuando estamos juntas , María Wernicke construye ese cálido entorno cotidiano con detalles precisos, para que cuando su protagonista afirme: “La extraño”, el lector sepa claramente qué es eso que extraña, que no tiene sólo que ver con una ausencia física sino con un montón de pequeñas ausencias.
Se trata más bien de una mirada, un gesto, el oído dispuesto, el plato en la mesa, la olla destapada, el repasador que pende de la manija del horno; la cartera abierta, el abrigo tirado en el respaldo de la silla. El perfume de las tostadas a la mañana y la charla breve con la que se despide el día.
Cuando estamos juntas presenta a una madre y su hija, la intimidad plácida de compartir los apuros de la mañana, las despedidas fugaces en la parada del bus, el cansancio de los días y aún así componer un espacio ancho desde el cual compartir quiénes son, qué les pasa, qué desean, por qué luchan.
Una madre contada por su hija, que la piensa única e inconfundible entre las cientos de costureras de un taller textil. Una madre que no agacha la cabeza frente a su máquina de coser sino que alza la mirada por encima de ella. Una madre que se para en la línea de fuego y cae, pero sin quebrarse. Y una hija que la extraña y la espera, mientras crece, se enamora, vuela.
Cuando estamos juntas es una forma tierna y bellamente narrada de celebrar un vínculo profundo, delicado y fuerte; el encuentro feliz de la palabra, la mirada, el abrazo, el cariño.

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Al igual que en libros anteriores, como Hay días o Papá y yo , a veces, Wernicke crea un relato sutil, en la conjunción de la narrativa visual y la textual, que sólo termina de delinearse en la cabeza de su lector.
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El link a la nota: 
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Maria-Wernicke-Relato-sutil-cotidiano_0_1706829341.html
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Yo, agradecida.




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lunes, 5 de diciembre de 2016

Exposición colectiva Hojas - Museo Larreta

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En Junio de este año, con motivo de la re inauguración de los jardines del Museo Larreta, participé, junto a colegas artistas e ilustradores. de la exposición colectiva Hojas.



Presenté esta secuencia a la que llamé Tiempo.




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domingo, 4 de diciembre de 2016

CILELIJ 2016 - Ciudad de México

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El tema del congreso que SM organiza cada tres años,
este 2016, en México, fue
“Lo testimonial, lo fantástico y lo simbólico”

Fui invitada a participar de una mesa -coloquio- de ilustradores:
Ciça Fittipaldi, Manuel Monroy y yo.
La coordinación estuvo a cargo de Mauricio Gomez Morín.


Por orden: a mi lado, Mauricio Gómez Morín, a su lado, Ciça Fittipaldi y Manuel Monroy.


Con Ciça Fittipaldi

Fue una charla rica en la que cada uno de nosotros expuso
el proceso de trabajo de una experiencia  particular.
Después, intercambios con Mauricio y el público.
Dicen que la charla se disfrutó, que fue cálida y sincera. Y lo creo.


Hablé del proceso de trabajo de un libro que me llevó mucho tiempo,
que fue dificultoso y al que hice profundamente mío.
Un regalo que en estos días saldrá de imprenta.

Pero el congreso fue mucho más que eso; cuatro días intensos.
Por la mañana, conferencias magistrales -cada día una- en el Teatro Julio Castillo, a cargo de Juan Villoro, Ana María Machado, José María Moreno. Esta última me la perdí. Pero las otras dos, me dejaron el alma llena.


Juan Villoro


Luego, otra charla, receso y otra charla más. De éstas, destaco el panel de María Teresa Andruetto, María José Ferrada, Yolanda Reyes y Alfonso Cruz, coordinados por Antonio Orlando Rodríguez. Absolutamente conmovedora.



María Teresa Andruetto, María José Ferrada, Antonio Orlando Rodríguez, Yolanda Reyes y Alfonso Cruz.


Después, almuerzo en Campo Marte entre colegas. Nuevas charlas, más íntimas, en mesas de ocho o más, en las que rumiábamos las horas pasadas.

Por la tarde, los coloquios. Eran cuatro simultáneos, con lo cual fue inevitable elegir uno y perder tres coda día. Una pena. Hubo varios a los que también me habría gustado asistir. 

De los coloquios a los que asistí, van dos fotos.


Roger Ycaza, Juan Palomino, Gabriel Pacheco, Quezal León (coordinador),
Vicky Ramos, Manuel Marsol y Paloma Valdivia.


Laura Guerrero (coordinadora), Jhon Naranjo, Daniel Rabanal y Diego Rabasa.

Con la caída del sol, los festejos. El de recibimiento, otro para autores de SM y el último, fiesta de cierre del congreso y despedida.


Cierre del congreso. Música en vivo y baile.

Muchos colegas conocidos, muchos a los que conocía de nombre pero a los que nunca les había visto las caras. 

Sin dudas, días intensos.

Agradezco a la Fundación SM por haberme convidado, por la atención y los mimos. 

Fue un placer.

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jueves, 17 de marzo de 2016

Cuando estamos juntas

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Hace pocos días, entró en imprenta Cuando estamos juntas.
Ahora que lo sé, espero.
Entonces pienso en días, meses, años,
y en lo relativo del tiempo.

Este libro, antes de serlo, estaba conmigo
de distintas maneras;
 en palabras, en imágenes, vivencias, sentimientos,
recuerdos palpables y otros borrosos.
No tenía claro cómo contar esta historia
y hasta encontrar cómo, di muchas vueltas.
Cuando logré arrancar, creció y se multiplicó.
Trabajé alrededor de un año y medio y,
cuando lo terminé,
 encontró su lugar: Calibroscopio.
Pero tuve que esperar más de un año
hasta que llegara a la imprenta.

Ahora, espero el momento de poder hojearlo,
olerlo, mirarlo con ojos nuevos.

Mientras tanto, trato de amigarme
con el vértigo que me provoca
la idea de que otros lo lean, lo miren.


Termino de escribir este texto;
tocan la campana.

Ahora, (otro ahora) tengo el libro en mis manos.
Otra vez pienso en lo relativo del tiempo.




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jueves, 16 de abril de 2015

El hombrecito de polvo

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Hace ya más de un año que empecé a trabajar en este texto de Perla.
Todavía no vimos el libro, y estamos a la espera de su llegada.
Alguien dijo que va a estar en la Feria del Libro. Y yo le creo.
También es probable que unos días después,
Perla y yo, estemos ahí firmando ejemplares.
Prometo avisar. 

Se los presento:
El hombrecito de polvo.
Texto de Perla Suez.
Ilustraciones mías.
Edita Comunicarte.

La tapa


La guarda de apertura...
(que aunque el blog insiste en darle fondo gris, ¡es blanco!)



y así empieza este cuento.


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martes, 3 de marzo de 2015

100 años del nacimiento de Enrique Wernicke, mi padre

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Pasó otro 25 de febrero; sólo que este último se cumplieron cien años del nacimiento de mi padre. Para la mayoría, del escritor Enrique Wernicke, para otros, de Enrique, a secas. Solo para mí de mi padre.


Intenté escribir algo nuevo, pero al final, siempre digo lo mismo. Por eso volví a un escrito que, a pesar de los años, sigue siendo mi mejor manera de decir cómo lo recuerdo.

Entonces publico acá ese texto, el que escribí y leí hace muchos años en la Biblioteca Nacional, cuando Gabriel Montergous -querido amigo mío y admirador del viejo- decidió hacerle un homenaje a cuarenta años de su muerte. 

"Te recuerdo detrás de tu escritorio, con los anteojos de marco negro en la punta de la nariz. Te espiaba, y aunque sabías que yo estaba ahí, seguías con la mirada perdida hilando una frase, atrapando una palabra, en silencio, sosteniendo tu cabeza con dos dedos. Ya había aprendido que en esos momentos, aunque tus manos estuviesen quietas y las teclas de la Remington no sonaran, estabas escribiendo. Entonces yo volvía al jardín, a los gatos, a los lirios, al roble al que me enseñaste a trepar.
Te recuerdo aquellas mañanas, cuando sacabas al jardín ese banco enano llamado “julián”, y la pava y el mate, y el diario, y otra vez los anteojos, cuando te instalabas en el pasto, descalzo, solo, y yo te imitaba con un banco más chico y un silencio que quería parecerse al tuyo. Recuerdo tu dedo señalando un benteveo, los primeros brotes del plátano o un par de gatos en el techo haciendo el amor.
Después, en cuclillas, con las manos metidas en la tierra plantábamos begonias y nomeolvides.
Tantas veces, sin aviso, me agarrabas de la nuca y me llevabas de paseo caminando hasta el río, tu río, mi río. Y después de mojarnos los pies, con los pantalones arremangados, terminábamos en la barra de algún boliche con una coca y una ginebra, y un amigo improvisado, porque amigos había en todas partes.
Recuerdo la magia que podías poner en cualquier cosa y el poder que tenías para sostenerla o hacerla desaparecer, porque con vos era así, porque sí, porque se te daba la gana, y no siempre había un explicación.
Hubo un día, uno especial, en que me llamaste desde tu sillón, desde tu escritorio; no me pediste los cigarrillos ni un vaso de vino. Entonces entré tímida, miedosa; enlazaste mi cintura con esas manazas tuyas –mi mentón apenas pasaba la altura de tu mesa -, y me dijiste: María, te quiero leer algo. (Siempre leías; le leías a la vieja, les leías a los amigos, pero no a mí.) Esto, dijiste después mirándome a los ojos, lo escribí para vos. Y leíste un poema que hablaba de la vida, de la muerte, de nosotros. Lloramos abrazados, más juntos que nunca, y aunque ni vos ni yo lo sabíamos, ese día nos empezamos a despedir. Ese día crecí, tal vez porque me dejaste entrar en ese pedazo de mundo tan tuyo, tal vez porque más que entender tus palabras, de alguna manera, creo que te entendí a vos."

Salú, viejo querido. 

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