jueves, 16 de abril de 2015

El hombrecito de polvo

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Hace ya más de un año que empecé a trabajar en este texto de Perla.
Todavía no vimos el libro, y estamos a la espera de su llegada.
Alguien dijo que va a estar en la Feria del Libro. Y yo le creo.
También es probable que unos días después,
Perla y yo, estemos ahí firmando ejemplares.
Prometo avisar. 

Se los presento:
El hombrecito de polvo.
Texto de Perla Suez.
Ilustraciones mías.
Edita Comunicarte.

La tapa


La guarda de apertura...
(que aunque el blog insiste en darle fondo gris, ¡es blanco!)



y así empieza este cuento.


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martes, 3 de marzo de 2015

100 años del nacimiento de Enrique Wernicke, mi padre

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Pasó otro 25 de febrero; sólo que este último se cumplieron cien años del nacimiento de mi padre. Para la mayoría, del escritor Enrique Wernicke, para otros, de Enrique, a secas. Solo para mí de mi padre.


Intenté escribir algo nuevo, pero al final, siempre digo lo mismo. Por eso volví a un escrito que, a pesar de los años, sigue siendo mi mejor manera de decir cómo lo recuerdo.

Entonces publico acá ese texto, el que escribí y leí hace muchos años en la Biblioteca Nacional, cuando Gabriel Montergous -querido amigo mío y admirador del viejo- decidió hacerle un homenaje a cuarenta años de su muerte. 

"Te recuerdo detrás de tu escritorio, con los anteojos de marco negro en la punta de la nariz. Te espiaba, y aunque sabías que yo estaba ahí, seguías con la mirada perdida hilando una frase, atrapando una palabra, en silencio, sosteniendo tu cabeza con dos dedos. Ya había aprendido que en esos momentos, aunque tus manos estuviesen quietas y las teclas de la Remington no sonaran, estabas escribiendo. Entonces yo volvía al jardín, a los gatos, a los lirios, al roble al que me enseñaste a trepar.
Te recuerdo aquellas mañanas, cuando sacabas al jardín ese banco enano llamado “julián”, y la pava y el mate, y el diario, y otra vez los anteojos, cuando te instalabas en el pasto, descalzo, solo, y yo te imitaba con un banco más chico y un silencio que quería parecerse al tuyo. Recuerdo tu dedo señalando un benteveo, los primeros brotes del plátano o un par de gatos en el techo haciendo el amor.
Después, en cuclillas, con las manos metidas en la tierra plantábamos begonias y nomeolvides.
Tantas veces, sin aviso, me agarrabas de la nuca y me llevabas de paseo caminando hasta el río, tu río, mi río. Y después de mojarnos los pies, con los pantalones arremangados, terminábamos en la barra de algún boliche con una coca y una ginebra, y un amigo improvisado, porque amigos había en todas partes.
Recuerdo la magia que podías poner en cualquier cosa y el poder que tenías para sostenerla o hacerla desaparecer, porque con vos era así, porque sí, porque se te daba la gana, y no siempre había un explicación.
Hubo un día, uno especial, en que me llamaste desde tu sillón, desde tu escritorio; no me pediste los cigarrillos ni un vaso de vino. Entonces entré tímida, miedosa; enlazaste mi cintura con esas manazas tuyas –mi mentón apenas pasaba la altura de tu mesa -, y me dijiste: María, te quiero leer algo. (Siempre leías; le leías a la vieja, les leías a los amigos, pero no a mí.) Esto, dijiste después mirándome a los ojos, lo escribí para vos. Y leíste un poema que hablaba de la vida, de la muerte, de nosotros. Lloramos abrazados, más juntos que nunca, y aunque ni vos ni yo lo sabíamos, ese día nos empezamos a despedir. Ese día crecí, tal vez porque me dejaste entrar en ese pedazo de mundo tan tuyo, tal vez porque más que entender tus palabras, de alguna manera, creo que te entendí a vos."

Salú, viejo querido. 

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martes, 9 de diciembre de 2014

Tornasol

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Estas son algunas de las imágenes
que hice para el libro disco Tornasol,
de Georgina Hassan.






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lunes, 6 de octubre de 2014

Biblioteca Fortín de Gainza, Santa Regina

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Ir y volver.
Volver a ir. Sí, volver.
Volver a General Villegas, volver a la Biblioteca Fortín de Gainza en Santa Regina. Con caras nuevas, con gente que está de estreno, gente con la que me reestreno. Otras caras, otras bibliotecarias, otros chicos, otras maestras, y yo también otra.
Estos viajes, los relacionados con nuestro trabajo, siempre dejan huella, nuevos afectos, otras miradas.
Nos encontramos entre papeles, dibujos, palabras, libros viejos y nuevos, en recomendaciones, coincidencias, en lo que desconocemos, en la curiosidad, en las ganas de saber quién es el otro y quiénes somos; en preguntas, con y sin respuesta, en otras que no vamos a terminar de responder nunca. Nos queremos quedar con algo, mucho, todo de estos encuentros, queremos que se estiren, que duren, aunque sean cortos, raudos, queremos quedarnos en los otros y llevarnos algo de ellos.
Encuentros intensos, felices, cansadores.
Encuentros que sabemos únicos, de los que no queremos dejar ni una miga sin aprovechar.
Los chicos de jardín, primero, todos los de primaria después, atentos, contadores, preguntones, trabajadores. Todos ellos le pusieron garra, fueron ilustradores, indagaron, atravezaron las palabras, las hicieron propias, las dibujaron, las contaron.  No hay regalo tan lindo como el de verlos apropiarse de una palabra, dibujarla. Quién sabe, algún día, uno de ellos también trabaje ilustrando. ¡Ojalá!
Gracias a ellos y sus maestras.
Gracias Paula y Natalí , bellas bibliotecarias, gracias por el trabajo, la organización, la calidez, las dudas, las ganas, las preguntas, la expectativa, los nervios, los carteles, la comida en lo de Alberto, la torta de familia, la cena con velas (inesperada) y el tiempo más allá del clima.
Gracias Karina por estar, por buscarme, llevarme, acompañar y dejar hacer, gracias por la charla.
Gracias a las que se sumaron a la cena a la luz de las velas a pesar de la lluvia y de todo: Sandra, Pochi, Zulma, Miriam y Nieves (otra vez, Nieves, con la alegría de volver a verte).  A ustedes, además, gracias por la bella maceta que albergará un nuevo gajo (robado, por supuesto).
Lindas compañeras que hicieron de este viaje un viaje.

Sigo sumando memoria.



Final feliz. Karina, Paula, yo, Natalí.
Al fondo, el cartel de bienvenida.



Charla y lectura.








 Trabajando con la palabra.



Y después...



 ... la cena de despedida.

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sábado, 20 de setiembre de 2014

Con Abracuentos, en Santa Fe

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Me invitaron las mujeres de Abracuentos, de Santa Fe, a dar una charla para adultos y dos talleres para chicos.

Antes que nada quiero contar que estas mujeres, las de Abracuentos, son mujeres con garra que saben acariciar, llevando libros de acá para allá, leyendo en distintos espacios donde la lectura es bálsamo, como en centros de salud, salas de espera donde chicos y madres o padres pueden vivir de otra forma la visita a un médico.
Dicen que tienen una biblioteca ambulante, y yo digo que tienen mucho más que eso; la biblioteca está viva gracias a ellas, porque son lectoras, aman lo que hacen y lo transmiten.

Esto es un gracias grande y lleno de cariño que quiero que viaje con paloma mensajera hasta la cuidad de Santa Fe, y que se desparrame entre toda la gente con la que compartí charla, taller, caminata, comidas, vinos y abrazos entre el miércoles 17 y el jueves 18.
Nora, Olga, María Elena, Silvia, Clarita, Laura, Verónica... y me faltan nombres. También estuvo Paulina y... ufa, sé que me faltan nombres. Necesito ayuda...
Mientras tanto, mientras rescato los nombres que me faltan , agradezco a todas, todas, todas las mujeres de Abracuentos (a las que nombré y a las que no también). Guardo sus miradas, voces, cariño.

Último momento: ¡Era Micaela! Gracias también, ahora con nombre.

Y agradezco a las docentes de los jardines y primarias que vinieron con los pibes a participar de los talleres, y a las personas que colmaron y desbordaron el auditorio de AMSAFE, por acompañar, por el silencio, por las palabras, las miradas, los abrazos. Fue un encuentro de los verdaderos.
Hoy, llegando de a poco a casa, respiro lo vivido, miro los dibujos de los chicos y espero el momento de estrenar nuevas páginas.  Gracias.



Después de la cena.



Almuerzo de despedida.
Puro mimo, calidez, brindis y boga a la parrilla.

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